A medida que avanzamos en la vida, a menudo nos encontramos recordando momentos del pasado que parecen haber pasado en un abrir y cerrar de ojos. Es entonces cuando nos damos cuenta de cómo pasa el tiempo, y aunque los recuerdos pueden desvanecerse con el tiempo, el impacto psicológico de ciertos eventos traumáticos puede perdurar dentro de nosotros. En otras palabras, si bien el paso del tiempo puede curar heridas superficiales, las cicatrices emocionales de traumas profundamente arraigados pueden estar arraigadas dentro de nosotros permanentemente, recordándonos constantemente su presencia.
— Amanda Ackerman